Esta opinión la puedo respetar desde el punto de vista de la ética personal. Pero no la comparto, porque con esa actitud estamos incentivando que el perro se mantenga toda su vida en una fase de infantilismo, sin otra actividad que jugar en jardines, parques, descampados y se conviertan en animales mimados, anárquicos y maleducados. Aunque los postuladores del primer párrafo defiendan que son felices.
Para continuar argumentando mi posición, pensemos como seria la vida de un perro en estado salvaje, “igual que los lobos”, deberían conseguir el alimento, viviendo en manada, con responsabilidades individuales dentro de la misma, respetando la línea jerárquica.
Recordemos que un perro esta aprendiendo toda su vida, dentro de esta coyuntura podemos distinguir entre la “educación” que consiste en que aprenda pautas de comportamiento para hacer mas cómoda la convivencia con sus propietarios, y el “adiestramiento” que consiste en el aprendizaje de respuestas a ejercicios concretos que nos proporcionan una herramienta muy útil para tener un mayor control sobre el perro.
El aprendizaje de un perro no solo es natural, sino necesario para su equilibrio y felicidad, y tiene diferentes fases pudiendo alcanzar el más alto nivel imaginado y seguir pensando en hacer más. Estos distintos niveles de progreso vienen en gran medida marcados por su madurez tanto física como mental. De forma que se inicia con la impregnación cuando es un cachorrito, se continúa con la socialización, se pasa a un adiestramiento básico y posteriormente un adiestramiento avanzado.
Y a partir de aquí, ya sabemos que existen perros especializados en detectar explosivos, en salvamento y rescate, en detectar estupefacientes, perros guía, perros de seguridad, etc. A los que tenemos que estar eternamente agradecidos por el servicio que nos prestan gracias a sus capacidades innatas que hemos sabido desarrollar con tales fines.
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