Cuando se ha tomado la decisión de educar al perro, la cuestión que se suscita es quien debe hacerlo.
Lo tradicional es ponerlo en manos de un profesional y que cuando este termine su trabajo nos enseñe a manejarlo.
Sin embargo lo mas vanguardista y en boca de expertos lo mas acertado es que sean los dueños los que se involucren en esta tarea y la lleven a cabo.
La segunda opción despierta una serie de dudas debido a que los dueños mantienen hasta el momento una relación con su perro que podríamos definir de muchas maneras menos como la de maestros de la autoridad, y es esencialmente esta carencia la que le ha llevado ha tomar la decisión de educarlo.
Precisamente es esa duda la que da mayor fuerza a la teoría de que sea el dueño el que realice el curso con su perro, pues el nivel de adiestramiento que se consigue con el perro no difiere mucho al realizado por el profesional y sin embargo el dueño si experimenta un cambio importante en su actitud hacia el perro y establece con este una autoridad que es la que marca la relación para el resto de sus días.
Es cierto que cuando el dueño por primera vez se convierte en el adiestrador de su perro la inexperiencia le hace transmitir cierto estrés al alumno canino. Pero esto desaparece en el momento que observamos los primeros resultados.
Si pensamos que no estamos capacitados para realizar el trabajo nunca lo conseguiremos, pues todo es una cuestión de fe, convicción y actitud
mas que de capacitación o experiencia.